Que la seguridad es necesaria para ser felices es algo que todos sabemos. La seguridad es uno de los estados de ánimo, una sensación que el hombre desea y busca constantemente y una de sus principales preocupaciones. Así queda constatado en la pirámide de Maslow o jerarquía de las necesidades humanas, donde la seguridad se sitúa en el segundo nivel de la pirámide. Esto significa que las personas anteponen la seguridad a la amistad, el afecto, la confianza, el respeto, la creatividad o la moralidad, y que sólo las necesidades básicas como respirar, comer o descansar ocupan un primer plano.

En qué consiste la pirámide de Maslow

La pirámide de Maslow es una teoría psicológica originada por Abraham Maslow en su libro Una teoría sobre la motivación humana. En él, Maslow elabora una pirámide basada en una jerarquía de necesidades humanas y defiende que sólo cuando satisfacemos nuestras necesidades más básicas, las que están en la parte inferior de la pirámide, desarrollamos necesidades y deseos más elevados, en la parte superior de la pirámide.

Dicho con otras palabras, sólo cuando tenemos comida o no nos falta el aire para respirar, podemos pensar en el éxito, la amistad y otras facetas de la vida.

La seguridad, segundo nivel de la pirámide de necesidades

Pues bien, Maslow ubicó la seguridad en el segundo nivel de necesidades de la pirámide, de tal manera que la seguridad surge una vez satisfechas las necesidades fisiológicas como dormir, evitar el dolor, comer, beber, respirar o mantener la temperatura corporal.

Con seguridad, Maslow se refiere a sentirse seguro y protegido, y en ella podemos distinguir tres tipos de seguridad:

  • Seguridad física, referida a la integridad del cuerpo, y de salud –asegurar el funcionamiento del cuerpo-
  • Seguridad de recursos, como la casa, el dinero, el coche…
  • Seguridad de disponer de una vivienda, lo que se denomina protección.

Situación de la demanda de alarmas

En nuestro caso, nos centraremos en la seguridad de recursos, puesto que las alarmas son dispositivos que ayudan y mucho a lograr esa seguridad que tanto anhelamos.

Según el último informe especial Centrales Receptoras de Alarmas de DBK, el número de conexiones activas a centrales receptoras de alarmas va en aumento cada año, lo que demuestra un mayor interés por la seguridad en el hogar y una mejora en la calidad de vida del ciudadano español, que tiene aseguradas sus necesidades básicas.

Del informe se desprende que este crecimiento del parque de conexiones activas se debió a una mejora en la demanda auspiciada por sectores como el comercio, el desarrollo tecnológico y la tendencia de sustitución de servicios de vigilancia por sistemas electrónicos.

Y es que los sistemas y alarmas son, hoy por hoy, el motor que empuja el sector de la seguridad. De hecho, es uno de los tres apartados que creció el pasado ejercicio y por segundo año consecutivo junto al transporte de fondos, mientras la vigilancia, el último área que compone el sector de la seguridad privada, se vio mermada, según Aproser, la Asociación Profesional de Compañías Privadas de Servicios de Seguridad. Así, las alarmas y otros sistemas facturaron 1.026 millones de euros, un 5,45% más, y el transporte de fondos 296 millones , un 2,23% más que un año antes.

Tipología de los clientes de sistemas y alarmas

Respecto al tipo de cliente que demanda una alarma, del total de conexiones que se llevaron a cabo el pasado año, el 53% correspondieron a clientes privados. De hecho, por origen de negocio, un 83 % de la facturación provino de servicios prestados a empresas privadas y un 17 %, al sector público, mientras que las principales entidades demandantes de estos servicios fueron la industria (17,90 % de la demanda), entidades financieras (12,55 %) e infraestructuras de transporte (13,84 %).

Por comunidades, Cataluña y Madrid concentran el 40% del total de la demanda. Actualmente, el sector de la seguridad privada aporta a nuestro país 3.000 millones de euros al PIB anual, según datos del Ministerio del Interior. España cuenta con un total de 1.354 empresas de seguridad en activo, según datos del Ministerio del Interior y de los gobiernos vasco y catalán, de las que un 82,4 % tienen menos de 50 trabajadores.